San Isidro del Campo

Somos los madrileños muy amigos de jarana y bureo, y lo más del año (antes más que ahora) pasábamoslo empleados en diversiones poniendo como pretexto y presidentes de la bulla, á los bienaventurados que por ejemplaridad de sus vidas y altezas de sus hechos, asiéntase á la diestra de Dios Padre.

Bien me parece que así sea, pues lo que la broma tenga de bueno, sacrifícase en aras de la religión, quedando el pecado muy a la margen del infierno.

Esta que ahora se celebra en honor y reverencia del Santo Isidro, mozo de mulas de aquel ricacho Iván de Vargas, es la más madrileña cabecera de todas las otras, que se celebran en la cortesana Villa hasta la Virgen de Septiembre que dicen la melonera.

Desde mucho antes de ser ascendido á la excelsa categoría de magnate del Altísimo, el devoto y ejemplar labriego (notable suceso que tuvo lugar en 19 de Junio de 1622), reinando la majestad católica D. Felipe IV de Austria, fue muy venerado por la piedad matritense, y ya ibase á festejarle casi con la misma alegría y entusiasmo que ahora á la Pradera donde cuenta la tradición que labraban los ángeles las tierras de Vargas, en tanto que el elegido de "Dios cumplía con sus místicas inclinaciones en un próximo Santuario, que diz que se alzaba en el mismo lugar que la ermita ahora.

Luego que viéronle ascendido en las huestes celestiales, no dejaron de tratarle y divertirse en su nombre, con el mismo entusiasmo y confianza á que les daba derecho, el mirarle como país no criado y crecido en la misma tierra, y acariciado por el mismo sol.

Bien parece de acuerdo con la liturgia popular, que estas funciones en pleitesía de los santos, tengan su poco e paganismo, pues á ello teníanos acostumbrado la iglesia en los siglos VI y XVII, permitiendo que dentro de los mismos templos del Señor, bailáranse folias, representáranse pasos rústicos de la vida de los santos, y cantáranse jácaras, con lo que entiendo yo que llegaba más al ama del pueblo, el conocimiento con los príncipes y magnates del dogma.

Todo es bueno y plausible, dice un famoso axioma de los hijos de San Ignacio, cuando se hace para mayor gloria de Dios.

Ad majoren Dei gloriam

 

Mas acontece, que este binaventurado, que con tantos honores y fiestas ha subido á la santidad, no fue ciertamente por méritos bastantes, sino como suele acaecer, tantas veces en los míseros capítulos de la vida, esto es, que su misma condición humilde lo favoreció para ello, así como suele ocurrir cuando un hombre de la clase baja, logra distinguirse por su natural talento, que no por su cultura. Todos son á ponderar y alabar, sus méritos escasos.

Antes que otra cosa, entiendo que ello fue empeño de los madrileños por tener un paisano en el cielo, pues que ni los milagros, ni las obras piadosas de Isidro, son impedimento bastante para tan gloriosa jornada.

Esta no es opinión mía, sino que sustentada fue por grandes autoridades de la Iglesia, como la del Papa Urbano VIII, que prohibió bajo pena de excomunión, que se mostraran como divinas reliquias, los restos incorruptos del que el fanatismo popular se empeñaba en hacer santo, sin estar convenientemente canonizado...

Así siguieron las cosas, respetando el pueblo la decisión del Sumo Pontífice, pero adorando á su patrón, hasta que en 1619 acordó Paulo V veatificarle, y Gregorio XV canonizarle en 1622, cuatro siglos y medio después de la muerte del beato mozo de mulas. Ya de entonces autorizado el culto el nombre de Isidro del Campo, fue el magnate de las devociones madrileñas, y siempre que alguna calamidad ha afligido á la corte, hase buscado intercesión en sus restos.

Felipe III quiso tenerlos por testigo de su agonía, y aun mucho antes de morir, viendo el monarca de los Estados de Portugal, como en Casarrubios del Monte agraváranle el mal, hizose llevar las veneradas cenizas.

Si hubo sequía, igualmente valió por imán del agua á los sedientos campos, y en fin, en otras calamidades de bulto, consoló á los devotos madrileños.

El gremio de plateros, hízole una costosísima caja de plata repujada, en la cual reposa, desde que estendiósele patente oficial de bienaventurado en el mismo día que á Santa Teresa, San Felipe Neri y San Francisco Xavier.

La ermita, en cuyas cercanías celébrase esta fiesta madrileña, fue fundada en 1528 por la Emperatriz Isabel.

Alzase en la orilla derecha del Manzanares, en la altura que, según la tradición cuenta, abrió el santo una peña de la cual saltó un chorro de cristalina y fresca agua, que satisfizo l sed de su amo Iván.

Arruinóse la humilde y santificada fábrica en los comienzos del siglo décimo octavo, y el Marqués de Valero mandó construir a su cargo y costas en 1721, ésta de hoy en que Madrid entero, y los demás donosos representantes de las provincias de España, se solazan sin acordarse del santo, por más de quince día, desde el 15 de Mayo hasta primeros de Junio.

¡Loado sea el Santo y viva Madrid!

 

Texto de Diego San José
Crónica del semanario Nuevo Mundo
Año XXII 15 mayo 1915 num. 1114

Imagenes semanrio Nuevo Mundo
Año III 21 mayo 1913 num. 82