LOS DOCUMENTOS

En una carpeta de cuero trabajada por el tiempo y los avatares a que cientos de manos y viajes la han sometido, se encierran un cuaderno manuscrito y numerosas ilustraciones.

Muchos sabemos que la realidad es un estado mental, por eso la historia que nos cuentan esas páginas y las imágenes que nos muestran las ilustraciones nos abren una puerta sobre un mundo que no por extraño consideraremos inverosímil.

Se trata de una cultura desconocida compuesta por seres que parecen haber seguido otro eslabón de la cadena evolutiva pero sin duda humanos.

Con un alto grado de desarrollo en todos los aspectos, un arte refinado y una filosofía exquisita, sorprendente.

Los documentos están firmados por un tal André McPierce, las fechas oscilan entre 1800 y 1815, a saltos, como si sus encuentros con esta cultura fuesen casuales y no siempre en el mismo lugar.

Posteriores investigaciones realizadas siguiendo pequeñas pistas acerca de McPierce han aportado datos de gran valor para intentar acercarnos a la posible interpretación de la historia que actualmente nos ocupa.

André McPierce, originario de lo que en la actualidad es Holanda pero de padre inglés. Creció, se educó, y vivió en Londres hasta la edad de 30 años. Trabajó como calígrafo primero y después como ilustrador en diversos periódicos de la capital: folletines, juicios de repercusión popular.

Sabemos que aproximadamente a esa edad emprendió una vida más aventurera embarcándose hacia lugares remotos, entre ellos el recorrido de la antigua ruta de la seda . Después no sabemos nada de el.

Es justo la ruta de la seda la que recorre y a veces describe en el manuscrito, lo cual aunque de forma imprecisa dada la enormidad geográfica a la que nos enfrenta, nos permite al menos crear una línea, un recorrido, un indefinido punto de anclaje para acercarnos a esa civilización desconocida.